El Botijo: Agua fresca desde hace miles de años

Muestra de botijos de distintos tipos en el Museo de cerámica de Chinchilla de Montearagón.
Botijos en el Museo de cerámica de Chinchilla de Montearagón. Fuente: Wikipedia

El porrón y el botijo son probablemente dos de los recipientes más tradicionales y conocidos de la cultura española. Además, ambos se ocupan de dos líquidos fundamentales en nuestra gastronomía y, sobre todo en el caso del segundo, de nuestro bienestar como son el vino y el agua.

En este blog no tenemos mucha intención de hablar sobre recipientes de cristal así que nos centraremos en el botijo. 

Los botijos son parte de la decoración de muchas casas pero la verdad es que durante mucho tiempo fueron algo esencial en el día a día de cualquier hogar. El botijo mantenía el agua fresca incluso en los días de mayor calor. Era como tener una mininevera para el agua sin necesidad de enchufes y con un coste muy reducido.

La “magia” del botijo consiste en que al ser un recipiente de barro poroso hace que el agua con el que lo llenamos vaya filtrándose poco a poco hasta entrar en contacto con el aire. En ese momento, el agua se evapora y se produce un enfriamiento que mantiene el agua siempre fresca. 

Y es que, uno de las grandes ventajas del botijo es que el agua no está ni fría, ni caliente. Siempre está fresca o, lo que es lo mismo, perfecta. 

Son todo ventajas ¿verdad? Desde aquí os animamos a que no veáis el botijo como un objeto decorativo sino que lo pongáis a funcionar. Con ello tendréis agua fresca, ahorraréis energía y envases y mantendréis viva una práctica milenaria y típica de nuestro país.